El gran hidrógrafo del mar magallánico PDF Print E-mail
Noticias Históricas
Written by Mateo Martinic/La Prensa Austral   
Monday, 02 June 2008 15:18
Es bien conocido que entre los años 1826 y 1830 se desarrolló en aguas magallánicas la primera fase de una empresa de levantamientos hidrográficos completísima para la época y que por la extensión geográfica comprendida así como por el tiempo que la misma tomó no tenía precedentes y, por tanto, adquirió para la historia del conocimiento geográfico y para el progreso de la navegación una importancia ciertamente fundamental.

Es bien conocido que entre los años 1826 y 1830 se desarrolló en aguas magallánicas la primera fase de una empresa de levantamientos hidrográficos completísima para la época y que por la extensión geográfica comprendida así como por el tiempo que la misma tomó no tenía precedentes y, por tanto, adquirió para la historia del conocimiento geográfico y para el progreso de la navegación una importancia ciertamente fundamental.

Tan ímproba tarea se realizó bajo la supervisión y la responsabilidad directa del comandante e hidrógrafo Phillip Parker King, de la Armada Real Británica, a quien corresponden por tanto los méritos principales por razón de su diligente comando, talento organizativo, eficiente ejecución y calidad técnica.

En verdad, P.P. King se ganó así, sobradamente, un sitio de indisputable relevancia entre los mejores navegantes y exploradores que contribuyeron al conocimiento del territorio marítimo austral de América.

Sin embargo de ello, cosa curiosa, la posteridad ha sido avara y casi injusta con tan destacado jefe naval, pues la memoria de su actuación ha quedado opacada visiblemente y aún preterida por causa de la fama que ha tenido y tiene quien fuera su colaborador a contar de 1829, el comandante Robert Fitz Roy, tras el lamentable fallecimiento del comandante Pringle Stokes, y que posteriormente tuvo a su cargo la segunda fase de trabajos hidrográficos a contar de 1832 y hasta 1834 en lo que se refiere a los mares meridionales.

Phillip Parker King nació en 1793 en Norfolk, remota posesión insular británica situada al oriente de Australia, siendo hijo del capitán Phillip Gidley King, también de la Armada Real. Como era costumbre en su tiempo el padre eligió para el joven Phillip la carrera naval, a la que ingresó a los catorce años, embarcándose en la fragata Diana de la Real Armada Británica.

Su aprendizaje lo realizó navegando por distintos mares, alcanzando en 1814 el grado de teniente mientras se hallaba embarcado en el navío Tridente. Continuó en un intenso servicio naval que le brindó una probada veteranía, orientado preferentemente a la tarea hidrográfica que hizo de él un especialista consumado. Parte importante de la misma la cumplió en el estudio de las costas del continente australiano; estando en ello recibió el grado de comandante (1822).

Retornó a Inglaterra en 1823 y permaneció allí durante los dos años siguientes ocupándose preferentemente en la preparación de la cartografía y relaciones complementarias de aquel laborioso levantamiento, que posteriormente fueron publicados por la Oficina Hidrográfica del Almirantazgo.

Una y otra circunstancias ciertamente cimentaron su renombre como oficial capacitado y le merecieron su incorporación a las prestigiosas Royal Society y Royal Linnean Society, en calidad de miembro activo, a comienzos de 1824.

En el curso de 1825 los lores del Almiran­tazgo Británico consideraron la conveniencia de realizar un ambicioso levantamiento hidrográfico en las costas australes de la América del Sur, esto es, propiamente los litorales oriental y occidental de la Patagonia y la Tierra del Fuego.

Había conducido a esta trascendente de­terminación la necesidad de perfeccionar el toda­vía insuficiente conocimiento del complejo territorio marítimo meridional, en vista del fomento y desarrollo de las comunicaciones marítimas y, en especial, para llegar a tener una mejor vinculación entre Europa y los nuevos estados independientes de la costa del Pacífico sudamericano. Todo, en el bien entendido de la situación geopolítica global que derivaba de la emergencia de Inglaterra como la máxima potencia naval tras las guerras napoleónicas.

Para una empresa de tal envergadura, que se preveía larga y laboriosa, se eligió al comandante P. P. King, cuya trayectoria y competencia profesionales lo hacían plenamente confiable y brindaban garantías para un buen desarrollo. En consecuencia, se le asignó el comando superior de una flotilla integrada por las naves Adventure y Beagle y, posteriormente, ya en el territorio de destino, por la goleta Adelaide.
Para colaborar en las labores náuticas e hidrográficas la superior jefatura naval seleccionó un calificado contingente de marinos, entre los que cabe mencionar: en el rol del Adventure, cuyo mando directo correspondía igualmente a King, a T. Graves, teniente y ayudante hidrógrafo; J. Cooke, teniente; J. E Brand, R. H. Sholl, J. C. Wickham y G. Harrison, pilotos; B. Ainsworth, contramaestre y J. Tarn, cirujano, entre otros. En el rol del Beagle, Pringle Stokes, comandante e hidrógrafo, W. G. Skyring, teniente y ayudante hidrógrafo; J. Kirke, piloto, S. S. Flinn, contramaestre y E. Bowen, cirujano, igualmente entre varios otros. En el transcurso de las campañas se registraron varias bajas, produciéndose los consiguientes reemplazos, de los que el más importante fue el correspondiente al distinguido y malogrado comandante Stokes por Robert Fitz Roy, a fines de 1828.

De ese modo, provistas las naves del mejor y más moderno instrumental, de suficiente abastecimiento y yendo la oficialidad y la gente de mar en las mejores condiciones de comodidad que pudo darse, la expedición estuvo en estado de partir.

La escuadrilla zarpó de Plymouth el 22 de mayo de 1826 entrando al estrecho de Magallanes el 19 de diciembre. Sucesivas recaladas condujeron a las naves desde Posesión a San Gregorio, isla Isabel, bahía Agua Fresca, hasta la bahía de San Juan (puerto del Hambre), lugar elegido como base de operaciones y puerto de fondeo de la nave capitana.

A partir de entonces y por los siguientes tres años y algo más, hasta el 31 de marzo de 1830 –lapso lejos más prolongado de permanencia que el de cualquiera de los anteriores navegantes en los tres siglos precedentes-, se desarrolló una tarea exploratoria e hidrográfica que debe ser calificada de colosal visto el estado del conocimiento geográfico acumulado desde el arribo descubridor de Fernando de Magallanes: para 1826 sólo se conocía medianamente el Estrecho y la periferia occidental y austral; el resto, conformado por el extenso laberinto interior era virtualmente algo ignorado.

Cuatro campañas

Esa fue la trascendente empresa que inició y condujo a satisfactorio término el comandante Phillip Parker King entre fines de 1826 y comienzos de 1830, y que se desarrolló no sólo bajo su superior dirección sino con su personal participación como buen hidrógrafo que era, conjuntamente con su excelente cuerpo de oficiales y gente de mar, a lo largo de cuatro extensas campañas, incluidos los períodos de necesario descanso tras faenas que llegaron a ser extenuantes pues las mismas se realizaron aun en las condiciones climáticas más adversas del sector occidental de la Magallania. Tanto fue así que las dotaciones de los buques registraron al final nueve bajas por causa de enfermedades y accidentes, incluyendo el lamentable fallecimiento del comandante del Beagle, Pringle Stokes, quien presa de una depresión profunda al cabo de una campaña durísima por el litoral del Pacífico puso fin a su vida, circunstancia triste que, de paso, pondría a su reemplazante Robert Fitz Roy en la historia náutica magallánica.

Para apreciar cabalmente no ya el sacrificado esfuerzo de los marinos británicos, sino su admirable tesón, competencia profesional y técnica y el magnífico resultado conseguido, basta comparar cualquier mapa de la región austral americana de principios del siglo XIX con la gran carta publicada en 1839 por el Almirantazgo Británico, para concluir que el acervo geográfico agregado fue sencillamente asombroso, al develarse virtualmente un territorio marítimo nunca antes conocido para la civilización. De esa manera se entiende, además, la miríada de topónimos ingleses que integran hasta el presente la geografía náutica magallánica. Y a ese resultado han de añadirse, para calificar la importancia y trascendencia de la empresa de que se trata, sus contribuciones a la ciencia natural y a la etnografía que permitieron adelantar de modo sustancial en el conocimiento de la biota y de la vida humana en el meridión americano.

Pero los chilenos tenemos una razón particular de reconocimiento hacia este ilustre marino. En efecto, cuando él mismo, ya concluida la expedición, consideró necesario participar al ambiente científico y académico el resultado de la misma, pronunció en 1831 una conferencia ante los miembros de la prestigiosa Royal Geographical Society, e hizo una descripción pormenorizada de las principales contribuciones, entre ellas la del nuevo canal Beagle, con tal grado de certeza y precisión que muchos años después daría sustento geográfico a la conocida tesis nacional acerca del curso de dicho paso de mar a partir de su boca oriental durante el curso de la controversia con la República Argentina respecto del dominio sobre las islas Picton, Nueva y Lennox, cuya justiciera conclusión es por demás conocida.

De tal modo su contribución al adelanto del conocimiento de la geografía marítima magallánica, sería a lo menos semejante en importancia al de las hazañas descubridoras y exploratorias del pasado, protagonizadas por Fernando de Magallanes y Juan Ladrillero.

La satisfacción oficial por tan eficiente servicio naval desarrollado bajo la responsabilidad superior de King, le mereció su ascenso a capitán en febrero de 1830.

Durante abril y mayo de 1831 Phillip Parker King dio cuenta de los resultados preliminares de la expedición ante la Royal Geographical Society y al año siguiente publicó un volumen técnico que tituló Sailing Directions to the Coasts of Eastern and Western Patagonia, including the Straits of Magalhaen and the Sea Coast of Tierra del Fuego ("Instrucciones para la navegación en las costas orientales y occidentales de Patagonia, incluyendo el estrecho de Magallanes y el litoral oceánico de Tierra del Fuego").

Luego se dedicó a la preparación de la completa descripción de lo acontecido durante la expedición que había comandado, que fue preparada principalmente sobre la base de su propia relación y de modo complementario con los diarios de sus oficiales Stokes, Graves, Skyring y Fitz Roy, que se incluyó en una obra mayor que comprendió la segunda gran expedición realizada entre 1832 y 1836, bajo el mando del último, y que fue editada en 1839 por él mismo con el título de Narrative of the Surveying Voyages of His Majesty's Ships "Adventure" and "Beagle" between the years 1826 and 1836. Este libro conformaría por sí solo una contribución moderna inapreciable para el mejor conocimiento geográfico, etnográfico y naturalista de la Región Magallánica que, con razón fundada, pasaría a ser uno de los clásicos de la literatura científica austral.
Concluido este significativo trabajo, King abandonó el servicio activo en la Armada Real y se estableció en Sidney, capital de la colonia de Nueva Gales del Sur, en el continente australiano. Allí se involucró en los asuntos propios de este establecimiento, llegando a ser miembro del consejo legislativo de la colonia, además de responsable de las actividades de la Sociedad Agrícola Australiana.

Su calificado servicio naval le hizo merecedor al ascenso, en octubre de 1855, al grado de contralmirante, sin embargo de la condición de retiro en que se encontraba desde 1839, siendo así el primer australiano originario que alcanzó esa posición jerárquica en la Armada Real Británica.

Falleció todavía joven en 1856, dejando una extensa familia, que había fundado en 1817 al contraer matrimonio con Harriet Lethbridge, y a la que legó una satisfactoria posición económica pero sobre todo un apellido prestigiado por un muy honroso servicio en la Armada Real.

La memoria del comandante Phillip Parker King quedaría para la posteridad náutica, geográfica y científica ligada indisolublemente a la sacrificada y laboriosa empresa hidrográfica y exploratoria del territorio marítimo magallánico, cuyo exitoso desarrollo entre 1826 y 1830 debe serle acreditado y reconocido sin retaceos por su responsable y talentosa dirección.

Este reconocimiento, que en cierta medida conforma una reivindicación de la figura de este ilustre hidrógrafo de la Marina Real Británica se ha materializado con la erección de un monumento recordatorio en su homenaje, en el que se asocia, asimismo, a todos quienes lo acompañaron en la gran empresa exploratoria e hidrográfica, y patrocinado conjuntamente por el Instituto de Conmemoración Histórica de Chile, la Armada de Chile, la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, la Academia de Historia Naval y Marítima de Chile, la Corporación del Patrimonio Marítimo de Chile, la Corporación del Patrimonio Cultural de Chile y la Universidad de Magallanes. Para ello se ha elegido el sitio en que Phillip Parker King dispuso la instalación de la base de operaciones terrestres de la expedición de 1826-30, en inmediata proximidad al Cementerio de los Ingleses donde descansan los restos de Pringle Stokes y otros marinos, en un área cargada de significación histórica como pocas en el territorio magallánico.

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