En este sentido fue un incansable luchador por dotar a la Armada de Chile de este moderno y valioso material llegando a ser su verdadero creador y primer Comandante de la Base Aeronaval de Las Torpederas en Valparaíso.
Talvez su gran vocación por la naciente especialidad se deba al hecho de haber participado en los Estados Unidos de Norteamérica, después del 5 de junio de 1912, mientras permanecía en comisión en dicho país, como el primer integrante de la Armada de Chile en realizar un vuelo en hidroavión efectuado por los alrededores del rio Hudson en Nueva York, acompañando al piloto C.G Wilmer. Según lo relata don Enrique Flores Álvarez en su libro “Historia de la Aeronáutica en Chile”
Luego de su participación en aquella histórica jornada comenzó a germinar con fuerza en su emprendedor espíritu, la idea por dotar a la Armada de Chile de estos novedosos y espectaculares aparatos. Durante su estadía en el extranjero fue un testigo curioso e inteligente de los avances de la Aviación Naval, presenciando durante este período los primeros ejercicios de un hidroavión basado en la cubierta de un buque de guerra.
El 21 de marzo de 1921, con el grado de Capitán de Fragata el distinguido marino asume el cargo de Comandante de la Base Aeronaval de Las Torpederas y Jefe del Servicio de Aviación Naval. Su dotación podía sentirse satisfecha de los avances experimentados por la novel especialidad que en corto tiempo había adquirido un rápido progreso. Tanto fue así que el 30 de agosto de ese año, tres hidroaviones Short 184, cubrieron la distancia de Valparaíso a Coquimbo en espectacular hazaña que marcó un hito histórico en las actividades de la aeronáutica nacional en los inicios heroicos de esta actividad.















